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La proclamación de la República aquel 14 de abril de 1931 fue recibida en las calles de las ciudades de España en medio de una explosión de júbilo por la inmensa mayoría de los ciudadanos, dando paso a la experiencia política más trepidante del siglo XX español. Fue un proyecto político profundamente democrático y por consiguiente ilusionante, basado en la soberanía de los pueblos como portadores del irrenunciable derecho a elegir su propio futuro.
No fue un estallido espontáneo e irreflexivo de bajas y perversas pasiones, sino la culminación de un proceso bien estructurado, en el que se habían comprometido varias generaciones con muchos progresistas, hombres y mujeres, obreros y empresarios, políticos, militares e intelectuales que identificaron la República con los principios de la democracia, la distribución más justa de la riqueza y el desarrollo intelectual de las personas, y por estas razones ya se ocuparon los verdugos de la República de desvincularla de sus señas de identidad por el procedimiento de identificarla con su triste y doloroso final, burda manipulación como todas aquellas que cargan a las víctimas con las culpas de su desgracia. Porque no fue el movimiento republicano quien generó la posterior guerra civil. Don Francisco Ayala nos recuerda en sus últimas reflexiones “la República fue un proyecto, no pasó de un mero proyecto que tuvo su inicio”, un proyecto ilusionante truncado por una inmoral e ilegal sublevación militar franquista que sin ningún respeto hacia la voluntad popular expresada en las urnas la aplastó poniendo fin a toda esperanza de recuperación.
Pero esta primavera republicana en la que nos hayamos 75 años después nos encuentra a los herederos naturales de los españoles del 31. Y nosotros estamos aquí ante la ineludible responsabilidad de recordar que la defensa incondicional de la legitimidad democrática está por encima de las prebendas políticas y demás mentiras justificadas sobre ideologías patrioteras, Sabemos que la II República fue una obra imperfecta, todas las obras humanas lo son, pero la II República, sobre los obstáculos que tuvo que vencer y los muchos errores que pudo cometer, fue también La Gran Oportunidad Reformadora y el mejor referente para la transformación democrática tras la muerte del dictador Franco.
Con orgullo, con modestia y con mucha gratitud para todos aquellos que trabajaron, defendieron y lucharon por la defensa de unos ideales democráticos, quiero manifestar que si bien ellos no pudieron lograrlo, no estuvieron solos, por que nosotros estamos aquí. No lo perdieron todo, porque nosotros estamos aquí. Que no lucharon en vano, por que nosotros estamos aquí. Y nosotros somos la memoria de su futuro.
¡¡ Viva la República !!
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