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Se acercan las Elecciones Generales, previstas para marzo de 2008. Los políticos hace ya tiempo que empezaron campaña, cada año más agresiva y descarada. Parece que algunos políticos hacen día a día más uso del “todo vale”, que consiste en mentir sin ningún pudor. Las promesas electorales pueden tener una cara oculta dañina y lo que se supone que será beneficioso para todos, puede ser a la larga una pérdida de beneficios sociales para muchos.
Este tipo de promesas dañinas es lo que nos ofrece el PP en boca de
su portavoz el señor Rajoy. Hace unos días le oímos prometer, si
ganaban en marzo, una reducción general del impuesto de IRPF. En
principio la medida parece beneficiosa; a todos nos viene bien tener un
poco más dinero en el bolsillo. Pero si analizamos un poco esta
propuesta, a corto plazo se retuerce y vuelve peligrosa. Una reducción
de un impuesto general a todo el mundo, beneficia a quien más tiene,
que es quien más dinero se ahorra. Pero además el señor Rajoy nos
quiere convencer de que con ello el Estado no disminuye su presupuesto.
Imposible, no salen las cuentas. Entones, ¿qué nos oculta?
Solo se me ocurren dos posibles respuestas: o bien se pretende
recaudar el dinero con un impuesto indirecto, como los que tienen la
gasolina u otros productos que todos consumimos, así que al final lo
que nos ahorramos por un lado lo perdemos por otro, o es necesario
reducir el gasto público en algún aspecto. Y esos aspectos,
lamentablemente suelen ser los sociales.
Aunque seguimos teniendo muchos problemas, los españoles gozamos de
grandes beneficios sociales, ganados día a día y con mucho esfuerzo por
nuestros antecesores. Nuestro sistema sanitario, universal, gratuito y
de gran calidad, tiene reconocimiento mundial. Sin embargo, lo que con
tanto tiempo y esfuerzo se ha conseguido puede perderse en un momento
por un engaño.
Quizá deberíamos mirar a nuestro alrededor para apreciar lo que
tenemos y podemos perder. Sirva como anécdota un comentario de un amigo
estadounidense que vino a España de trabajo unos días. Le pregunté cómo
no se había traído a la familia, que estaba también ilusionada con el
viaje. Me contestó: “tuvimos que operar a mi esposa de vesícula y nos
gastamos todo el dinero que teníamos ahorrado”. Es el país “a la
cabeza” del mundo, pero si no tienes dinero, no te operan.
Así que cuidado con las promesas que encierran engaños. Podemos perder mucho.
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