Se está realizando un campaña "por una sociedad laica", promovida por multitud de asociaciones y colectivos. La campaña se centra muy especialmente en el ámbito educativo, pero pretende abarcar todos los aspectos de nuestra sociedad.
Desde IU-Miraflores os invitamos a leer el manifiesto de esta campaña, y nos sumamos a las principales exigencias que plantean:
Significado de laicismo
El laicismo responde al derecho que tiene toda persona a ejercer la
libertad de pensamiento y de conciencia, a no ser marcada, ni
discriminada en función de las ideas que sostenga. Supone la separación
real entre el Estado -que representa a toda la población- y las
confesiones religiosas u otras doctrinas ideológicas o filosóficas. El
laicismo, al tiempo que garantiza la libertad de culto, impide que las
distintas iglesias ocupen espacios y obtengan privilegios que no les
corresponden, al no responder sus objetivos al interés del conjunto de
la sociedad, sino sólo al de un grupo de personas que comparte las
mismas creencias.
En una sociedad laica caben todos (creyentes y no
creyentes), y los poderes públicos protegen y amparan la libertad
religiosa y los distintos credos y filosofías que se han ido
desarrollando a lo largo de la historia. Sin embargo, sectores que
gozan de fuertes privilegios y que proceden de la etapa predemocrática,
en la que el Estado era oficialmente católico, tratan de confundir
-interesadamente- a la opinión pública, al relacionar el laicismo con la
falta de valores y el anticlericalismo, cuestión que es radicalmente
falsa.
Escuela Laica
En la escuela deben sentirse cómodos todo el alumnado, sus familias
y el profesorado. Los centros han de educar sin dogmas, ni verdades
únicas y excluyentes, en valores humanistas, científicos y universales,
en la pluralidad, en el respeto a los derechos humanos, en la asunción
de la diferencia y de la diversidad, en los valores éticos, no sexistas
y democráticos que son comunes a todos y a todas. La escuela no ha de
ser un lugar de exclusión. Niños y niñas no deben ser segregados en
función de las creencias o convicciones de sus familias. No podemos
aceptar que se obligue a quienes no quieren recibir enseñanzas de
religión a estar separados de su clase y a adaptarse al horario y
exigencias de quienes desean seguir imponiendo esas enseñanzas en el
horario lectivo. La religión debe salir del horario lectivo
obligatorio, para respetar los derechos de toda la comunidad educativa
y para que no se interrumpa el normal funcionamiento de la organización
de los centros educativos. Una apuesta decidida por la escuela pública,
democrática y laica, por parte de la sociedad y de los poderes
públicos, es una garantía para avanzar hacia un modelo educativo
integral, preventivo, compensador de desigualdades y que eduque en la
diversidad cultural y para la convivencia.
¿Qué dice la LOE y su desarrollo, ante la cuestión religiosa?
La Ley Orgánica de Educación (LOE), amparándose en unos Acuerdos con
la Santa Sede de dudosa constitucionalidad y legitimidad, impone, como
en normas anteriores, la religión católica, que será de oferta
obligatoria para los centros y de carácter voluntario para el alumnado,
y que la enseñanza de otras religiones se ajustará a lo dispuesto en
los acuerdos suscritos con diferentes confesiones religiosas. Los
decretos que desarrollan la LOE obligan al alumnado que no quiere
cursar religión a permanecer en el centro educativo, y a éste a
gestionar “la debida atención educativa”. Estos decretos exigen a los
padres declarar sobre sus creencias religiosas en la matriculación de
sus hijos e hijas, vulnerando gravemente aspectos fundamentales de la
Constitución Española y de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos. La voluntad de quienes desean dar religión genera unas
obligaciones injustas, de dudosa constitucionalidad, y poco éticas para
el resto, hecho que rechazamos rotundamente. Establece que las personas
que imparten religión serán contratadas por la Administración conforme
al Estatuto de los Trabajadores, por lo que se consolidan sus derechos
laborales, como consecuencia de una materia que no debería estar
presente en la escuela. Sin embargo, el sistema de contratación de
estas personas es arbitrario -son designados por la jerarquía
católica-, lo que origina irregularidad administrativa y un agravio
comparativo con el profesorado, cuyo acceso a la función docente se
realiza bajo los principios de mérito y capacidad.